Cada vez que fumo, me pego. Hablo de bless, hablo de ella. Y si, algunas veces a la semana, cuando llega la tarde, decido que es mi momento; no es mi intención ella, pero indefectiblemente me lleva, y le hablo, y le muestro. Hoy le mostré un pedacito de mi mundo; pero partió antes, galletas, un par de cigarros, y el deseo de ella. Me fui a la ducha, mucha espuma, delicioso, la llamé, le dije que venga, pero le dije, mejor no, te haría la vida imposible. Antes de la ducha, dejé la imagen en el whatsapp, un libro que justo me regalaron ayer, los puchos, un cel, el banano, el control. No sé si lo ve, ya la borré hace rato de nuevo, cuando me escribió, y na veía-no veía, y me pasaba películas pendejas, y delete again. No estoy para eso, puedo ser una estúpida y tal vez enamorada, pendiendo de un hilo de su humanidad, pero si no, vaya con su dios, su dios de hipocrecías, su mundo de cartón piedra, déjeme a mi sin mis dioses, solo con mis manos, mi alma. Pero la quiero, y no se lo digo, me mantengo quieta en mi orilla y no te atrevas a acercarte. Tenía un pensamiento muy divertido hace un rato, que si me preguntaba por su libro, le diría, es un rehén.
miércoles, 23 de abril de 2014
Conexión
Cada vez que fumo, me pego. Hablo de bless, hablo de ella. Y si, algunas veces a la semana, cuando llega la tarde, decido que es mi momento; no es mi intención ella, pero indefectiblemente me lleva, y le hablo, y le muestro. Hoy le mostré un pedacito de mi mundo; pero partió antes, galletas, un par de cigarros, y el deseo de ella. Me fui a la ducha, mucha espuma, delicioso, la llamé, le dije que venga, pero le dije, mejor no, te haría la vida imposible. Antes de la ducha, dejé la imagen en el whatsapp, un libro que justo me regalaron ayer, los puchos, un cel, el banano, el control. No sé si lo ve, ya la borré hace rato de nuevo, cuando me escribió, y na veía-no veía, y me pasaba películas pendejas, y delete again. No estoy para eso, puedo ser una estúpida y tal vez enamorada, pendiendo de un hilo de su humanidad, pero si no, vaya con su dios, su dios de hipocrecías, su mundo de cartón piedra, déjeme a mi sin mis dioses, solo con mis manos, mi alma. Pero la quiero, y no se lo digo, me mantengo quieta en mi orilla y no te atrevas a acercarte. Tenía un pensamiento muy divertido hace un rato, que si me preguntaba por su libro, le diría, es un rehén.
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Quiérete... Ya sé que soy la menos indicada para decírtelo, pero quiérete un poco más...
ResponderEliminarUn beso.
Pensaste que la llamé de verdad??? Noooo, era mi cabeza, toda yo hablando conmigo. Voy en retirada igual...
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