Han pasado dos años desde la ultima vez que la vi.
Supongo que aun la amo, o algo de mi ama a esa mujer.
Es como decir que soy gay, supongo que aun lo soy, aunque desde ella no he tocado otro cuerpo humano, nadie me ha movido el piso, tampoco he querido buscar. Cómo se es algo que no estas siendo.
Hace un par de días Fuguet salió del closet; me conmueve. Me inspira a escribir de nuevo.
publicar. Memorias.
Esto lo escribí en abril del 2014. estaba en mis borradores del blog.
La historia
El treinta y
uno de diciembre la conocí. Cinco días antes había decidido pasar el año nuevo
sola y me bajé de la comida familiar, no sin conflictos por la “ver short
notice”. Me dije, quiero pasar la noche
haciendo el amor con “the one” o pasarlo sola.
Alguien me dijo, y que probabilidades hay a que eso ocurra?, yo me reí y
dije, ninguna, no conozco a nadie ni tengo ningún panorama a la vista. No
buscaba a nadie en esa época, pero había estado rondándome la
historia de una mujer hindú que me hizo dibujarla en mi cabeza. Había tomado unos días de vacaciones y vagaba
por el ciberespacio después de tiempo sin hacerlo, hasta que vi un anuncio que
me produjo curiosidad. Antes de hablar
con ella, la imaginé mayor, triste, rubia, rodeada de gentes y muy formal; me
conmovió su soledad. Conectamos en forma instantánea y hablamos hasta las seis
de la mañana, tan típico con el mundo lésbico; era casada, no estaba y nunca
había estado enamorada de la mujer con la que llevaba muchos años, buscaba una
noche de sexo casual, pensaba pasar el año nuevo sola, y su aviso no era más
que un romanticismo bizarro, una suerte de botella al mar. Muchas veces después de eso hablábamos de que
posibilidades había de habernos encontrado en otras circunstancias. A las dos de la mañana estábamos atrapadas en
las palabras, la voz ronca al teléfono, y de madrugada se había instalado en
nosotras la urgencia de conocerse en medio de una seducción abierta y
consensuada. Sería una noche de sexo
salvaje y nada más.
No pensé en
nada mientras me arreglaba ese día, buscando un poco de paz en medio de
mensajes que nos mandamos durante todo el día, día de vértigo. Llegué esa tarde al lugar de encuentro, y me
acuerdo que temblaba, mirando hacia todos lados tratando de adivinar quién
sería. Sonó el celular y dijo -te estoy
mirando. Caminé hacia ella, y nos sonreímos
serias y nerviosas. La idea era un café, pero estaban cerrando
todo y caminamos a buscar el auto. La miré
y dije caguè. Me acordé de Viña, de mis
caminatas por la Avenida Perú cuando tenía catorce años y me sentaba en las
rocas a leer, para luego dejar los libros entre las rocas cuando los
terminaba. Me acordé de ese miedo que me
daba volver a la casa de noche, y que me pillara el toque de queda, y mi madre
me retara por esa causa o cualquier otra. Sentí que saltaba al vacío.
Fue una
noche de fuegos artificiales que no vimos, de cuerpos enredados, de música,
marihuana, vino y sushi, de almas en pena recobrándose de toda una vida de
espera. En la mañana salí de la cama y vi en el espejo del baño una yo antigua
y nueva, tan serena y tan inmensa. Volví
a su cama y ella se incorporó de su sueño para abrazarme y mirarme con ternura,
con un hooola!! No sé si fue ese momento, o alguno de los muchos de la noche
que no tuvieron que ver con sexo, lo que me anudaron a ella. Habíamos sido unas
niñas riendo y gozando la vida toda la noche, ahora me iría a casa a jugar a la
mujer grande, sin pena, o era lo que se supone tenía que hacer. Pero como en las películas, parecíamos una
pareja que despierta de una noche mágica más, y nos pusimos a tomar desayuno,
mientras hacíamos llamados de rigor a las familias que no habíamos contestado.
Pasamos el fin de semana juntas, casi sin salir de la cama, conversando, viendo
programas, escuchando música, amándonos, llorando de la risa, mirándonos,
sintiendo también como pasaban las horas y había que partir. En algún minuto de una tarde la vi dormir a
mi lado, y pensé. Yo podría amar a esta mujer toda la vida. Pero la vida seguiría y nuestro pacto era
solo esa noche. Decíamos que no nos
olvidaríamos nunca, que en otro tiempo, otro lugar, las cosas habrían sido tan
diferentes.
Pasé la
semana pensando en ella. Creo que hubo
algunos mensajes cortos, muy neutros.
Quedamos de vernos pero no llamó, cuando llamó le dije que no podía,
tenía que escapar, lo habíamos hablado, amantes no íbamos a ser. Es loco como buscamos aquello que decidimos
un día no volver a hacer, como lo disfrazamos, como nos mentimos o consolamos
de acciones poco éticas, con la necesidad de creer en un mundo mágico y
predestinado del cual no podemos huir.
Pero estaba jugando a la mujer madura y de mundo, que había encontrado
una igual, atrapada por sus propias decisiones en una relación poco sana, fría
pero necesaria; una familia religiosa, una madre castradora y amorosa, un
respaldo emotivo comprado con el económico; un pasado de adicciones, de
tratamientos, diagnóstico border que nunca pescamos, en el cuerpo de una niña
mujer que solo quería ser feliz. Las cosas
que nos unían eran tantas, que pensábamos que la una era un clon de la otra, o
que era verdad esa teoría de que los seres eran creados en un mundo paralelo
donde nos habían hecho iguales. Nos queríamos
con lujuria, cuidado, cariño y respeto.
Llegó el
fin de semana siguiente y nos volvimos a encontrar, entre risas, esta sí que es
la última vez, para despedirnos, claro, obvio, galla, hello!!! Esa noche me
dijo te amo, y de mi aliento salió más aliento que no supe que contestar de
tanto amor. Era como estar en la mejor
película del mundo, con la persona que mejor nos caía en el mundo, pasándolo
chancho. Era increíble, inédito, un omni todo, un gran sol que nos
inunda. El día siguiente ella tecleaba
en su note, mientras yo descansaba en sus piernas sintiendo que no quería
pensar en mañana, ni pasado, ni nunca, que solo quería estar ahì, en ese minuto
y en ese lugar, y a pesar de silencios exquisitos llenos de aire, hablábamos y
hablábamos y hablábamos riendo. A ratos
nos acordábamos, que había que partir, contando las horas, pensando como sería
la vida fuera de aquellas paredes. Hasta que ella dijo, no es nada que no
podamos solucionar, o solucionar yo claro, algo que debería haber hecho mucho
antes, no por ti, sino por mi, por ella; lo intentè tantas veces. Y me contaba pasajes de su vida, como quien
hablara de una hermana de vida que la ayudò cuando ella lo necesitaba, y al
final fue apoyo mutuo, costumbre, aguante, cansancio, indolencia, vacío brutal.
Todo mal desde el principio. Pero ahora
pa’ delante, “me esperarías?”.
Las semanas
siguientes pasaban en cámara lenta, haciendo planes, descartándolos, poniendo
fechas, deponiéndolas; cada encuentro era mirarse, abrazarse y sentir como
nuestros pechos de calabazas se unían sintiéndonos tan afortunadas. Había que hacer las cosas bien, no era el
mejor de los escenarios para conocerse y armarnos como pareja, pero lo
estábamos siendo, el mundo de afuera apretaba, descansábamos en nosotras. Nos
alimentábamos de manos que se anudaban en el auto, o en las noches de cabañas
ruidosas que terminamos amando, de kilómetros recorridos, en miles de
conversaciones. Los sábados en la mañana
eran de calorcito rico, de andar por ahí, o la ida a la playa, las compras, las
decepciones, la culpabilidad haciéndonos mella, rompiéndonos, pedacitos de
dolor. La fecha llegó y no pudo
ser; terminé vomitando en la calle de
tanto miedo y sensación de muerte. Ella
me cuidó, reparó, me amó ese día acunando mi temblor, e hicimos nuevos
pactos. Después de eso, hubo más, pero
yo decidí soltar, que este tiempo alargado sería la mejor forma de conocernos
mejor, que en realidad tal vez no nos conocíamos tanto la una a la otra, pero sabíamos
que sí, y que debíamos ser sensatas y adultas.
Llegar a mi
casa, era llegar a casa, cuando se iba las noches eran escribirnos y hablar,
cada día, cada noche, con las buenas noches, sintiendo que acomodábamos las
almohadas, nos abrazábamos durmiéndonos con el celular en el pecho, las mil y
una veces el compromiso de que no era un juego de amantes, que ella era fiel a mí. No hay manera menos cursi de decirlo, pero no
podría haber seguido de otra forma.
Tardes de
mirar series, de flores en el velador, de viajes en auto por Santiago, de
jueves viendo Vértigo, de los jueves que después fueron miércoles, que
volvieron a ser todos los días, de ok markets y chocolatitos, coca cola, red Bull,
que solo mermelada de mora, que no naranjas, que no te enojes. La pega, las historias, los muffins de
chocolate, los recuerdos de nuestras primeras vacaciones separadas, cuando ella
recorría lugares sagrados, callecitas donde compró mi pashmina roja, la
historia de la bruja que le habló de las campanas que suenan cerca de casa; las
mías en el desierto, contándonos cada hora de a dónde iban nuestros pasos, las
risas al vernos por primera vez por el teléfono, aeropuertos, de la mano
siempre; mi jardín de los dos asientos, el parque que mirábamos, sus sesiones
de terapia.
Cuando ella
viajó lejos, vino la primera ruptura, enfermedad, confusión, desconexión. Habíamos llegado a un punto clave, ella se acobardó
y quiso quedarse sola. En mis
deducciones de ese tiempo, sentí que era su derecho, que era preferible
terminar ahora, que más adelante, que moría de pena buscando respuestas para lo
que estaba viviendo, pero era su vida, y cada uno escoge que quiere. Hubo pequeñas comunicaciones, el amor
intacto. Lo pasé mal por poco tiempo, decidí
estar bien, y no sin dosis de hoponopono y sanas adicciones, esperé tranquila y
cierta. Seis semanas después estábamos
juntas de nuevo. Nuestros viejos pactos
se fueron renovando, tiempo al tiempo, dejar que las cosas fluyan. Ya había pasado un año.
La hace
rato ex mujer se enteró de mí, y recibí mensajes que nunca contesté, hora de la
verdad, de destapar los hechos, de saltar más barreras, esperando la
libertad. Época de drogas y accidentes,
de miedo, de que le pasara algo. Una
ella desconocida, perdida, una mujer escindida.
Bella, bella, aún no he hablado de lo bella que era. Ojos chiquitos y profundos, pelo de selva,
boca insaciable, ternura, ternura para mí, contención, piel blanca, pechos
suaves, entrega, inteligencia esa de la de metas bacanes, y de la
espiritualidad que emociona. A veces
ella era la grande y yo la chiquita, y me sentía como cuando me atrapaban los
fantasmas de la infancia, y ella tenía mi mano, y explicaba paciente las
verdades de la vida. Otras ella se convertía
en una bitch, papel que gozaba, mientras yo la miraba con un no me weì, y se
cagaba de la risa diciendo, ya estoy hablando webadas? Ella sabía, siempre sabía todo, de ella y de mí. Bueno, a veces yo tenía que explicarle como
maestra a su alumna, que ella también era maestra, que era tan grande y
hermosa, que podía ser libre.
Otro viaje mío
esta vez, otra vuelta, otro desencuentro.
Me pidió tiempo nuevamente, decidí que no. Dijo que volvería en mayo,
debía solucionar muchas cosas, debía hacerlo sola. Dejé de contestar el teléfono, dejó de
escribir por épocas, se mantuvo ahí prometiendo que lo hacía por las dos, que
era la forma en que estaríamos bien, que faltaba poco, siempre faltaba poco. Por eso creí no resistirlo, y lo viví como
una traición a nosotras. Estaba tan
enojada que cuando volvió en Mayo no creí que estuviera sucediendo. Una vez más, estaba cumpliendo lo que dijo
que haría. Estaba ahí. Yo no quería nada, no quería volver a creer.
En la
cabaña, a la que fuimos para hablar tranquilas, ella lloró como pocas veces la vi
en la vida. Hablaba desde adentro, desde
las entrañas, como si viniera llegando de un largo viaje, agotada, a casa. Esa noche lloraba yo también mientras me hacía
el amor, porque no quería creerle, no quería amarla, no quería que su pena me
atrapara porque me dejaba indefensa, y en un momento se detuvo, y veía sus ojos
fulgurantes en la oscuridad; me abrazó tan fuerte sintiendo mi miedo, me hizo
cariño, secó mis lágrimas, y dijo que era de verdad, y que nunca más me haría daño. Te amo como no
he amado nunca ni nunca volveré a amar.
Me quedé
quieta y confié. Y seguí amándola a pesar de mí. Y se convirtió de nuevo en la
mujer que conocí, la mujer que amaba con locura, volviendo a querernos, comprando
nuestras cortinas, nuestra estufa, nuestros veladores, nuestras pequeñas y
grandes costumbres, temas domésticos, comidas que adoraba; acompañarla desde la
pega y la casa mientras estuvo convaleciente, ser parte de esa habitación, esas
ventanas, esas puertas por donde salía a fumar mientras el peludo se paseaba
por sus piernas buscando cariño. Las
cenas con los padres, las visitas, los eventos, los hermanos, los exquisitos
pequeños que ella adora, las interrupciones del padre, la cercanía, los
cuidados, sus enojos que me daban tanta risa y la hacían reír a ella y salir de
sus rabietas. Disfrútalo, le decía,
disfruta a papá.
Fueron muy buenos
tiempos.
Y la ex se
fue, y se quedó sola. Era el momento que
habíamos esperado. La primera vez que
fui a su casa desde que nos conocimos, estaba muy extraña, drogada y
perdida. No me miraba, no se acercaba a mí
y solo hablaba de películas, televisores y parlantes. Decidí irme, insistió en llevarme pero no la dejé;
no sabía que droga había tomado, y que le pedí que se cuidara, que no quisiera que le pasara nada. Me dijo que no, que no había tomado nada,
pero sé que no era así. La segunda fue
la última vez que la vi. Había estado
mal, quería acompañarla, que no se sintiera sola, que todo estaría bien. Fue un rato corto y silencioso. Bajamos por el
ascensor, ella a su auto, porque iba atrasada a la casa de su hermano; yo me
fui caminando, vi el auto pasar por Colón hacia abajo. Pensé, está la última vez que te veo.
Miraba sus mensajes por
horas y hacía cariño con mis dedos, y más de alguna vez toqué “llamar” y me
deshacía de disculpas, que no quería hacerlo y vivía luchando con el whatsapp
por traicionarme. Llegó el fin y
principio de año, y se deshacía en
disculpas, regañándose (palabra muy suya que me causa ternura) por haber sido
como fue, pidiéndome su lugar en nuestra cama, extrañándome cada día más;
necesitaba que la entendiera, que no dejara de amarla, pero no estando. Algunas
veces la escuche, las más le ignore, de mentira claro, queriendo siempre
que llegara con su amor intacto. Otro de
madrugada, ebria; sentí su dolor por haber sido una mierda en medio de
contradicciones y cansancio brutal. Era
lo más cercano a una paradoja. Olvido
las palabras exactas a veces, pero sé que estaba enojada, y no podía seguir
creyendo en espacios tiempo imaginario.
Nuevo viaje, momentos
muy, pero muy feos, de mucho dolor, y me así a las ramas de los árboles para no
caer. Y ella volvió a hablar, eres la
mujer que más me ha amado, con su amor en pasado, de malas decisiones, contradicciones,
de soledad, de errores, traiciones. Otra vida.
Ha pasado el tiempo
detenida desde este rincón del planeta conocido como placentero encierro, en el
“mood” disfrute; estar sola es mi hábitat natural, a veces durmiendo
de día y viviendo de noche. Leo, escribo, navego los tiempos con preguntas, con
ventanas de notebook que se abren a descubrir respuestas. Corre, lola corre es
mi mantra, huyo de la profundidad haciendo mil cosas, trato de no pensar en la traición,
de no juzgar, de dejarla ir. Reconozco que miro el teléfono cuando estoy así
volaìta, y le digo riendo, como puedes ser tan tonta, pudiendo ser tan feliz. A ratos estiro mis alas como algodón de
dulce, hilos transparentes; se sienta en la arena a mi lado y yo enredo los
dedos en su pelo enmarañado descansando al sol.
Ella mira al silencio
apagado por el sonido de la tv, más allá de la calle del piso nuevo…
******
días despues:
Hace un par de días me di a la tarea de escribir mi historia con ella; no pensaba que escribiría la historia completa, o sea, completa sería mucho más larga, porque en la medida que escribimos, recordamos, y llegan más y más imágenes, que no están olvidadas pero si guardaditas. Salieron más de seis páginas, siendo que hubo partes que simplemente resumí, resumí bastante la verdad. Más de dos años de historia puede ser toda una vida. Cuando ya había avanzado me acordé de una beca de escritura a la que postulo cada año y nunca gano, claro que las veces anteriores había mandado cosas bastante breves, y un poco atemporales, así que esta vez, al ver que escribía y escribía decidí terminarla. Desde el día cero hasta ahora, nuestra historia juntas y los últimos muchos meses desde que se fue.
Se fue pero está; después del último mensaje de esta semana, volví a agregarla de contacto, para descubrir que en su wsp puso una foto nuestra, después de que nunca tuvo una, de ningún tipo. La tiene en skp y una vez le pregunté, es la nuestra?, sí, me dijo. Cuando digo nuestra no es que salgamos las dos, pero ella tiene fotos nuestras, de todas las que tomamos en uno de nuestros viajes a la playa, el más feliz, y ahora me doy cuenta de que no escribí de ese viaje, Ese momento en especial, es cuando estábamos en las rocas frente al mar, y cada una con su teléfono tomábamos fotos y fotos, diciendo que era el mejor lugar del mundo. Ella me llevó a ese lugar porque era su lugar favorito. Conocía el camino, me decía que allá vivían equis familias, que había venido muchas veces desde siempre, y sentí que ahí estaban sus historias, y de hecho sí, uno de los pasajes más horribles en su adolescencia. Pero eso lo supe después, cuando ella me mostró su libro, que era su historia, y que casi nadie había leído. Lo leí a su lado, acá mismo en mi cama, mientras ella hacía otra cosa, mirando mis expresiones al leerla. Bueno, ese es el lugar, ahora nuestro lugar, por donde mirábamos hacia arriba donde había una casucha y unas personas, mientras ella decía que bacan sería comprar una casa arriba, y tratábamos de descubrir cómo se llegaba, que obviamente habría un camino. Fuimos muy felices, ese día, en ese lugar, recorrimos lugares de verde, recogimos y fotografiamos florcitas, inventamos cuentos, recogimos conchitas que le regalé y tenía el color de mi polera y pantalón. Caminando de vuelta, me abrazaba por detrás, mientras caminábamos. yo la guiaba y ella llevaba los ojos cerrados, y nos reíamos pensando que nos podíamos caer. Siento que ella me llevó para exorcizar el pasado, que es lo que parecía estar haciendo con nuestra relación, una relación alegre, sanadora, lúdica, salvajemente apasionada, tierna, de mucha comunicación, en todos los ámbitos. Esa es la foto que tiene en su wsp. Lo que yo quería decir, es que me hizo mal. Si bien esa noche me sentí muy bien por haber logrado sacar de adentro la historia, la parte más hermosa, pero escrita sin sentimentalismo barato, sin las emociones de dolor, sin muchas cosas que no fueron tan buenas, todo descrito no frío pero tampoco romántico. La historia, que así se llama mi escrito, terminó solito, sin planearlo, sin ningún esfuerzo, de una forma dulce, suave, pero real, ella allá, yo acá, que es como es. Los últimos dos días han sido down total, dormir con dificultad, despertar con pena, con preguntas, no tener ganas de nada, echando para adelante proyectos, haciendo zapping sin querer ver nada en realidad, leyendo con cansancio, extrañándola como no la extrañaba así, herida, desde hace tiempo. Parece que me aboqué con mucho éxito a estar bien, a estar entera y parada, a que ni nuestra ruptura, ni sus oleajes me botaran. Tenía que hacer esto por primera vez en mi vida, no podía permitir caer en esas depresiones post ruptura por dos amores anteriores, muchísimos años atrás. Esta vez iba a hacer las cosas bien, y eso es, levantar la cabeza, hacerme fuerte, no creer que sin ella moriría, arrancar de los recuerdos, lugares, objetos; más que arrancar, mirar todo fríamente y no darles a cada cosa significados profundos. No puedo salir de están cama, de esta casa, de esta ciudad o de este país, para huir de cada cosa que es parte de nuestra historia. Debo vivir acá, seguir acá, con todo aún vivo. Pero sin sufrir. Esa era la idea y ha resultado. Digo ha resultado porque esto es sólo un bajón y nada más. No sé cuando termine, pero sé que será pronto. Hoy fue descubrir que la extrañaba. Salí sola por primera vez después de meses, fui donde tenía que ir, estuve ocupada en lo que estaba haciendo. Cuando salí del lugar, hacía frío. Me di cuenta que el verano ya se fue, los días brillantes, el verde, y la tarde estaba gris. Me vi parada (es una forma de decir), en una esquina por donde pasábamos siempre camino a nuestras cabañas. Reconocí la esquina del frente con una casa roja, la calle por donde doblábamos, y yo iba en el auto con ella, siempre hablando de mil cosas, nunca con esas ansias (casi nunca) de que pronto nos desnudaríamos y haríamos el amor, era llegar a casa el encuentro de nuestros cuerpos. Y me quedé ahí fumando un cigarro, pensando que era posible que nunca más fuéramos a ese lugar, que al principio odiábamos y terminamos por amarlo. Pensaba si ella se acordaba, si ella pensaba en eso, que no volveríamos ahí, pensaba en que sentiría. Y volví, me encerré en mi cuarto, fumo y escribo. La historia (escrita) no tiene casi cuestionamientos. Es narración de hechos, sentimientos, escritos muy simplemente. No están las miles de preguntas que me han atropellado los últimos dos días, noches, el insomnio, las ganas de verla, las ganas de perdonarla, las ganas de que vuelva con su amor intacto, las ganas de no haberla perdido. Y ahí crecen las preguntas como maleza, hiedra, enredaderas, una selva de elucubraciones, de conclusiones, de respuestas nacidas en el aire de no saber que pasó, que le pasó, a donde se fue; mi incapacidad de responder a sus mensajes, querer escuchar, querer hablar, saber, soportar las respuestas. No puedo, no quiero. Acaso quiero algo que no va a suceder. Si no sucede, no quiero nada, me quedo quieta en mi cueva, resisto la tentación de la cercanía que añoro, resisto este tiempo pequeño de vulnerabilidad, de necesitarla, de querer que esté acá conmigo tapaditas como los inviernos anteriores, siempre tema para nosotras sus mantitas y las mías, compañeras de series, de chocolates, de ternuras. Y eso, resistiendo esta nube gris, pálida, escribiendo esto sin párrafos, de una, sin editar, publicar.
******
días despues:
Hace un par de días me di a la tarea de escribir mi historia con ella; no pensaba que escribiría la historia completa, o sea, completa sería mucho más larga, porque en la medida que escribimos, recordamos, y llegan más y más imágenes, que no están olvidadas pero si guardaditas. Salieron más de seis páginas, siendo que hubo partes que simplemente resumí, resumí bastante la verdad. Más de dos años de historia puede ser toda una vida. Cuando ya había avanzado me acordé de una beca de escritura a la que postulo cada año y nunca gano, claro que las veces anteriores había mandado cosas bastante breves, y un poco atemporales, así que esta vez, al ver que escribía y escribía decidí terminarla. Desde el día cero hasta ahora, nuestra historia juntas y los últimos muchos meses desde que se fue.
Se fue pero está; después del último mensaje de esta semana, volví a agregarla de contacto, para descubrir que en su wsp puso una foto nuestra, después de que nunca tuvo una, de ningún tipo. La tiene en skp y una vez le pregunté, es la nuestra?, sí, me dijo. Cuando digo nuestra no es que salgamos las dos, pero ella tiene fotos nuestras, de todas las que tomamos en uno de nuestros viajes a la playa, el más feliz, y ahora me doy cuenta de que no escribí de ese viaje, Ese momento en especial, es cuando estábamos en las rocas frente al mar, y cada una con su teléfono tomábamos fotos y fotos, diciendo que era el mejor lugar del mundo. Ella me llevó a ese lugar porque era su lugar favorito. Conocía el camino, me decía que allá vivían equis familias, que había venido muchas veces desde siempre, y sentí que ahí estaban sus historias, y de hecho sí, uno de los pasajes más horribles en su adolescencia. Pero eso lo supe después, cuando ella me mostró su libro, que era su historia, y que casi nadie había leído. Lo leí a su lado, acá mismo en mi cama, mientras ella hacía otra cosa, mirando mis expresiones al leerla. Bueno, ese es el lugar, ahora nuestro lugar, por donde mirábamos hacia arriba donde había una casucha y unas personas, mientras ella decía que bacan sería comprar una casa arriba, y tratábamos de descubrir cómo se llegaba, que obviamente habría un camino. Fuimos muy felices, ese día, en ese lugar, recorrimos lugares de verde, recogimos y fotografiamos florcitas, inventamos cuentos, recogimos conchitas que le regalé y tenía el color de mi polera y pantalón. Caminando de vuelta, me abrazaba por detrás, mientras caminábamos. yo la guiaba y ella llevaba los ojos cerrados, y nos reíamos pensando que nos podíamos caer. Siento que ella me llevó para exorcizar el pasado, que es lo que parecía estar haciendo con nuestra relación, una relación alegre, sanadora, lúdica, salvajemente apasionada, tierna, de mucha comunicación, en todos los ámbitos. Esa es la foto que tiene en su wsp. Lo que yo quería decir, es que me hizo mal. Si bien esa noche me sentí muy bien por haber logrado sacar de adentro la historia, la parte más hermosa, pero escrita sin sentimentalismo barato, sin las emociones de dolor, sin muchas cosas que no fueron tan buenas, todo descrito no frío pero tampoco romántico. La historia, que así se llama mi escrito, terminó solito, sin planearlo, sin ningún esfuerzo, de una forma dulce, suave, pero real, ella allá, yo acá, que es como es. Los últimos dos días han sido down total, dormir con dificultad, despertar con pena, con preguntas, no tener ganas de nada, echando para adelante proyectos, haciendo zapping sin querer ver nada en realidad, leyendo con cansancio, extrañándola como no la extrañaba así, herida, desde hace tiempo. Parece que me aboqué con mucho éxito a estar bien, a estar entera y parada, a que ni nuestra ruptura, ni sus oleajes me botaran. Tenía que hacer esto por primera vez en mi vida, no podía permitir caer en esas depresiones post ruptura por dos amores anteriores, muchísimos años atrás. Esta vez iba a hacer las cosas bien, y eso es, levantar la cabeza, hacerme fuerte, no creer que sin ella moriría, arrancar de los recuerdos, lugares, objetos; más que arrancar, mirar todo fríamente y no darles a cada cosa significados profundos. No puedo salir de están cama, de esta casa, de esta ciudad o de este país, para huir de cada cosa que es parte de nuestra historia. Debo vivir acá, seguir acá, con todo aún vivo. Pero sin sufrir. Esa era la idea y ha resultado. Digo ha resultado porque esto es sólo un bajón y nada más. No sé cuando termine, pero sé que será pronto. Hoy fue descubrir que la extrañaba. Salí sola por primera vez después de meses, fui donde tenía que ir, estuve ocupada en lo que estaba haciendo. Cuando salí del lugar, hacía frío. Me di cuenta que el verano ya se fue, los días brillantes, el verde, y la tarde estaba gris. Me vi parada (es una forma de decir), en una esquina por donde pasábamos siempre camino a nuestras cabañas. Reconocí la esquina del frente con una casa roja, la calle por donde doblábamos, y yo iba en el auto con ella, siempre hablando de mil cosas, nunca con esas ansias (casi nunca) de que pronto nos desnudaríamos y haríamos el amor, era llegar a casa el encuentro de nuestros cuerpos. Y me quedé ahí fumando un cigarro, pensando que era posible que nunca más fuéramos a ese lugar, que al principio odiábamos y terminamos por amarlo. Pensaba si ella se acordaba, si ella pensaba en eso, que no volveríamos ahí, pensaba en que sentiría. Y volví, me encerré en mi cuarto, fumo y escribo. La historia (escrita) no tiene casi cuestionamientos. Es narración de hechos, sentimientos, escritos muy simplemente. No están las miles de preguntas que me han atropellado los últimos dos días, noches, el insomnio, las ganas de verla, las ganas de perdonarla, las ganas de que vuelva con su amor intacto, las ganas de no haberla perdido. Y ahí crecen las preguntas como maleza, hiedra, enredaderas, una selva de elucubraciones, de conclusiones, de respuestas nacidas en el aire de no saber que pasó, que le pasó, a donde se fue; mi incapacidad de responder a sus mensajes, querer escuchar, querer hablar, saber, soportar las respuestas. No puedo, no quiero. Acaso quiero algo que no va a suceder. Si no sucede, no quiero nada, me quedo quieta en mi cueva, resisto la tentación de la cercanía que añoro, resisto este tiempo pequeño de vulnerabilidad, de necesitarla, de querer que esté acá conmigo tapaditas como los inviernos anteriores, siempre tema para nosotras sus mantitas y las mías, compañeras de series, de chocolates, de ternuras. Y eso, resistiendo esta nube gris, pálida, escribiendo esto sin párrafos, de una, sin editar, publicar.

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