
Hace un par de días me di a la tarea de escribir mi historia con ella; no pensaba que escribiría la historia completa, o sea, completa sería mucho más larga, porque en la medida que escribimos, recordamos, y llegan más y más imágenes, que no están olvidadas pero si guardaditas. Salieron más de seis páginas, siendo que hubo partes que simplemente resumí, resumí bastante la verdad. Más de dos años de historia puede ser toda una vida. Cuando ya había avanzado me acordé de una beca de escritura a la que postulo cada año y nunca gano, claro que las veces anteriores había mandado cosas bastante breves, y un poco atemporales, así que esta vez, al ver que escribía y escribía decidí terminarla. Desde el día cero hasta ahora, nuestra historia juntas y los últimos muchos meses desde que se fue. Se fue pero está; después del último mensaje de esta semana, volví a agregarla de contacto, para descubrir que en su wsp puso una foto nuestra, después de que nunca tuvo una, de ningún tipo. La tiene en skp y una vez le pregunté, es la nuestra?, sí, me dijo. Cuando digo nuestra no es que salgamos las dos, pero ella tiene fotos nuestras, de todas las que tomamos en uno de nuestros viajes a la playa, el más feliz, y ahora me doy cuenta de que no escribí de ese viaje, Ese momento en especial, es cuando estábamos en las rocas frente al mar, y cada una con su teléfono tomábamos fotos y fotos, diciendo que era el mejor lugar del mundo. Ella me llevó a ese lugar porque era su lugar favorito. Conocía el camino, me decía que allá vivían equis familias, que había venido muchas veces desde siempre, y sentí que ahí estaban sus historias, y de hecho sí, uno de los pasajes más horribles en su adolescencia. Pero eso lo supe después, cuando ella me mostró su libro, que era su historia, y que casi nadie había leído. Lo leí a su lado, acá mismo en mi cama, mientras ella hacía otra cosa, mirando mis expresiones al leerla. Bueno, ese es el lugar, ahora nuestro lugar, por donde mirábamos hacia arriba donde había una casucha y unas personas, mientras ella decía que bacan sería comprar una casa arriba, y tratábamos de descubrir cómo se llegaba, que obviamente habría un camino. Fuimos muy felices, ese día, en ese lugar, recorrimos lugares de verde, recogimos y fotografiamos florcitas, inventamos cuentos, recogimos conchitas que le regalé y tenía el color de mi polera y pantalón. Caminando de vuelta, me abrazaba por detrás, mientras caminábamos. yo la guiaba y ella llevaba los ojos cerrados, y nos reíamos pensando que nos podíamos caer. Siento que ella me llevó para exorcizar el pasado, que es lo que parecía estar haciendo con nuestra relación, una relación alegre, sanadora, lúdica, salvajemente apasionada, tierna, de mucha comunicación, en todos los ámbitos. Esa es la foto que tiene en su wsp. Lo que yo quería decir, es que me hizo mal. Si bien esa noche me sentí muy bien por haber logrado sacar de adentro la historia, la parte más hermosa, pero escrita sin sentimentalismo barato, sin las emociones de dolor, sin muchas cosas que no fueron tan buenas, todo descrito no frío pero tampoco romántico. La historia, que así se llama mi escrito, terminó solito, sin planearlo, sin ningún esfuerzo, de una forma dulce, suave, pero real, ella allá, yo acá, que es como es. Los últimos dos días han sido down total, dormir con dificultad, despertar con pena, con preguntas, no tener ganas de nada, echando para adelante proyectos, haciendo zapping sin querer ver nada en realidad, leyendo con cansancio, extrañándola como no la extrañaba así, herida, desde hace tiempo. Parece que me aboqué con mucho éxito a estar bien, a estar entera y parada, a que ni nuestra ruptura, ni sus oleajes me botaran. Tenía que hacer esto por primera vez en mi vida, no podía permitir caer en esas depresiones post ruptura por dos amores anteriores, muchísimos años atrás. Esta vez iba a hacer las cosas bien, y eso es, levantar la cabeza, hacerme fuerte, no creer que sin ella moriría, arrancar de los recuerdos, lugares, objetos; más que arrancar, mirar todo fríamente y no darles a cada cosa significados profundos. No puedo salir de están cama, de esta casa, de esta ciudad o de este país, para huir de cada cosa que es parte de nuestra historia. Debo vivir acá, seguir acá, con todo aún vivo. Pero sin sufrir. Esa era la idea y ha resultado. Digo ha resultado porque esto es sólo un bajón y nada más. No sé cuando termine, pero sé que será pronto. Hoy fue descubrir que la extrañaba. Salí sola por primera vez después de meses, fui donde tenía que ir, estuve ocupada en lo que estaba haciendo. Cuando salí del lugar, hacía frío. Me di cuenta que el verano ya se fue, los días brillantes, el verde, y la tarde estaba gris. Me vi parada (es una forma de decir), en una esquina por donde pasábamos siempre camino a nuestras cabañas. Reconocí la esquina del frente con una casa roja, la calle por donde doblábamos, y yo iba en el auto con ella, siempre hablando de mil cosas, nunca con esas ansias (casi nunca) de que pronto nos desnudaríamos y haríamos el amor, era llegar a casa el encuentro de nuestros cuerpos. Y me quedé ahí fumando un cigarro, pensando que era posible que nunca más fuéramos a ese lugar, que al principio odiábamos y terminamos por amarlo. Pensaba si ella se acordaba, si ella pensaba en eso, que no volveríamos ahí, pensaba en que sentiría. Y volví, me encerré en mi cuarto, fumo y escribo. La historia (escrita) no tiene casi cuestionamientos. Es narración de hechos, sentimientos, escritos muy simplemente. No están las miles de preguntas que me han atropellado los últimos dos días, noches, el insomnio, las ganas de verla, las ganas de perdonarla, las ganas de que vuelva con su amor intacto, las ganas de no haberla perdido. Y ahí crecen las preguntas como maleza, hiedra, enredaderas, una selva de elucubraciones, de conclusiones, de respuestas nacidas en el aire de no saber que pasó, que le pasó, a donde se fue; mi incapacidad de responder a sus mensajes, querer escuchar, querer hablar, saber, soportar las respuestas. No puedo, no quiero. Acaso quiero algo que no va a suceder. Si no sucede, no quiero nada, me quedo quieta en mi cueva, resisto la tentación de la cercanía que añoro, resisto este tiempo pequeño de vulnerabilidad, de necesitarla, de querer que esté acá conmigo tapaditas como los inviernos anteriores, siempre tema para nosotras sus mantitas y las mías, compañeras de series, de chocolates, de ternuras. Y eso, resistiendo esta nube gris, pálida, escribiendo esto sin párrafos, de una, sin editar, publicar.
Cuánto desgarro en palabras tan bonitas... Cuánto nos puede confundir la nostalgia, a veces para sonreír, otras para llorar... Y entre tanto dolor, qué bonito es haber amado así... Un abrazo muy fuerte.
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