jueves, 22 de mayo de 2014

Confianza




Estaba buscando el origen de la palabra Confianza, y como suponía viene de la palabra fe.  Se supone que la elección de las malas relaciones viene de carencias afectivas en la niñez; también se supone que si crecimos creyendo en un dios protector, si nuestros padres o cuidadores fueron seres amorosos, si no pasamos frio, hambre, y si no fuimos ignorados o violentados, podría ser una base de vidas adultas más sanas, así como las relaciones, el éxito, la felicidad.  Es tan compleja y larga la vida, y he visto, escuchado, de tantas personas que viven de tantas formas posible,  que se que no existen absolutos, que cada una hace al final su camino y cada uno es responsable de sus elecciones.

Para seguir adelante, sin amargura, sin sentimientos grises, es necesario limpiar, reconocer, mirar (nos), y no solo mirar a la otra persona, aquella que no respetó los acuerdos de lealtad, de honestidad, de comunicación.  Tengo que hacer este ejercicio, este ejercicio de comprensión, de ordenar el alma y el pensamiento, de entender que mis cicatrices y holocaustos personales pasados, no hicieron más que cargar de expectativas de “por fin un amor de verdad”, que fuera capaz de sortear todos los obstáculos, de “por fin un ser que piensa y ama como yo”, de “por fin un ser con quien compartir la vida”, tantos por fin…., la confianza en un ser que como yo está(ba) lleno de una tremenda vida de buenas o malas elecciones, de sus propios demonios, zonas grises, pero también hermosas, y que escogió, de la manera adecuada o no, seguir su vida sin mí.   Esa es a parte para dejar ir, para “perdonar”, palabra que no creo aplique, porque existe causa y consecuencia, y no tengo el derecho de juzgar a otro ser.  Lo hago, lo he hecho, pero es precisamente de lo que debo despojarme, bien-mal, juicios, ira, amagos de odio o rabia destructora, en todos sus matices, soltar, soltar, un trabajo que se va haciendo despacito, una orfebre puliendo la roca, cada día, aplicadamente, para convertirnos en quienes escogemos ser.

Mi tema hoy tiene que ver con que sucede después, que sucede cuando confiaste (pusiste tu fe en alguien), hubo lo que creíste un encuentro de almas (la tuya y de ese alguien) en un mundo lleno de mentiras, y acordaste (con ese alguien) que eran afortunadas en haberse encontrado, en acompañarse, protegerse, y más encima ser muy felices en una suerte de perfección imperfecta, en que la comunicación y los hechos van haciendo la vida de los días.  Y un día sale a comprar cigarrillos y no vuelve más (es una forma de decir).  La confianza es robada, un ladrón que entró a tu alma, y se llevó todo dejando papeles viejos y oscuridad.  Una vez pasado el trauma inicial, te das cuenta que lo que era tuyo, sigue siendo tuyo, que sigues viva (control de daños), que en realidad no hubo crimen porque sigues entera y que debes continuar.  La vida contingente no para, trabajas, comes, duermes, hasta ríes, porque hace mucho rato aprendiste (me estoy hablando a mi porsiacaso) que el dolor va a pasar, que la rabia va a pasar, que será corto o largo, pero que va a pasar, que depende mucho de ti como pase, que según la experiencia lo mejor es fortalecer el cuerpo y el alma con sol y alegrías, aunque por épocas no seas capaz de verlas, con pensamientos positivos, y con mucha paciencia.

Y después que?  Has logrado cierta tranquila paz (en la que se trabaja día a día), disfrutar y agradecer todo lo que teniéndolo das por sentado, y sonriendo con los regalos más pequeños, que son los más grandes.  Sabes, también por experiencia, que es bastante absurdo decidir cerrar el corazón (por muy cursi que suene), y que si llega alguien más, llegará.  Pero no quieres, no quieres que llegue nadie más, no quieres tener que decidir si volver a confiar, porque cada vez que lo hiciste antes (madre, dios, la mujer que amaste), se llevaron tu fe en las cosas limpias y buenas, y no tuvieron a veces la decencia de avisarte.  Por qué a partir de ahora será diferente? Por qué habría de creer, después de esta larga vida, que será diferente?  Yo solía decir (y sigo diciendo), que aun con ciertos infiernos, he sido la mujer las feliz de esta tierra, que amo quien soy, que me quiero, que me perdono, que me doy cuenta, que me doy permiso, que aprendo a tropezones,  y que aún me falta mucho.

Este mundo está muy enfermo y peligroso, y no quedan muchos lugares protegidos; debes evitar la paranoia de vivir a la defensiva, protegiendo tus bolsillos y también tu corazón.  Es como vivir de a puntillas, y es posible que el amor sea una utopía, es posible que el amor ese de dos seres que se amarán mágicamente sea así como fue, y que de verdad no hay más.  Se supone que a esto se le llama aceptación (que no es lo mismo que resignación), y es la vida en su belleza y su crudeza, y nada más.


3 comentarios:

  1. Chapó.
    Lo difícil es llevarlo a la práctica, ¿verdad? Pero es bueno pensar así, al menos intentarlo... Vivir. Pero no por inercia, sino siendo consciente de la vida.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Y entonces... Qué va a ser de nosotras? Qué esperanza nos queda...? Dime... :(

    ResponderEliminar
  3. Creo que es una loterìa, que el premio grande se lo llevan unas/unos pocos; por mi parte, no juego mas, porque tampoco se jugar de otra manera. Don't be sad.

    ResponderEliminar